By Andres Vidal

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Educación, poder y biografía: diálogos con educadores críticos

Este libro es una dinamica y estimulante recopilacion de entrevistas, algunas maravillosamente personales, incluso confesionales en el sentido mas fascinante, con algunos de los mas brillantes e importantes educadores de nuestro tiempo. Maestros, futuros maestros y lideres comunitarios han estado esperando ansiosamente un libro como este, por lo que sera ampliamente leido.

Dialogue in Spanish: Studies in functions and contexts

Discussion in Spanish offers a powerful theoretical and empirical starting place for the research of discussion. This edited choice of twelve unique stories contributes to a huge comprehension of debate in normal contexts: own interactions between family and friends; and public speech, comparable to political debates, scientific interviews, courtroom translations and repair encounters.

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Ste lo estuvo observando durante un rato, pero en seguida dejó de prestarle atención al ver qué caminaba y curioseaba tranquilo, prudente y formal. Cuando terminaron de pesar los sacos, el oficial dio a Narcís padre un papel que éste guardó después de doblarlo con cuidado: era su justificante para demostrar que había contribuido y cuál había sido su aportación. Los señores Casamunt habían amenazado con multas o con la pérdida del contrato en caso de que no ayudaran a la causa. Nada más darse la vuelta, Rosendo buscó con la mirada a su hermano.

Lie... llevar... lo al molino, pa... para... —¡Claro, claro! ¡Para eso están los soldados, para llevar el grano al molino! ¡No te fastidia! ¡Llévalo tú al molino, haz pan con la harina y trae pan! ¡Pan, no grano! Tras despachar al campesino, el capataz atendió a Narcís padre: —A ver qué me traes tú... leche, huevos, patatas, calabaza, pan, harina y... ¡vino blanco! Venga, deja la leche, el vino y los huevos sobre aquella mesa y el resto al fondo. ¡Venga, venga, que no tenemos todo el día! En la primera mesa comenzaban a rebosar las bebidas y los alimentos perecederos.

Negó con la cabeza sin despegar los labios. Héctor dibujó una sonrisa socarrona. —Mira que hace meses que te lo digo, ¿eh? Al baile acuden unas chávalas... ¡Uff! ~38~ Rosendo, que permanecía en silencio, no pudo evitar ponerse algo colorado. Héctor continuó insistiendo: —Seguro que te gusta alguna, ¿no? Venga, va, dime quién es... A mí me gusta la hija del molinero, la Isabelita, sabes quién te digo, ¿no? —le preguntó mientras hacía con las manos el gesto de un busto prominente—. ¿Y a ti? ¿También te gusta Isabelita?

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